En este trabajo de tesis nos aproximamos al fenómeno del graffiti en la área metropolitana de Guadalajara desde diversos puntos de vista con posiciones diferenciadas de poder y con diferentes herramientas metodológicas: 1) El académico, a través de la revisión bibliográfica de las monografías que abordan algún tipo de graffiti como objeto de estudio. 2) El particular del escritor de graffiti (Silber), la observación participativa nos ayudó tener una primera aproximación a la práctica del graffiti en resistencia, conocer de primera fuente los riesgos o satisfacciones de esta actividad clandestina y abrir la puerta para contactar a los escritores del siguiente punto. 3) La historia de la agrupación, en su mayoría del oriente de la ciudad, se construyó a través de la documentación de relatos de los grafiteros que fueron referentes en la escena local. 4) La recopilación y análisis de las notas de periódico publicadas en el diario El Mural, que retrataban en gran medida las acciones de los gobiernos en turno y las incipientes políticas públicas en relación al fenómeno en la ciudad. 5) El resultado del diálogo entre escritores de graffiti en resistencia, los artistas urbanos y las acciones de gobierno, está en las calles, para capturar esta conversación que decora el paisaje urbano se utilizó el registro audiovisual con una cámara omnidireccional. El fenómeno del graffiti tapatío da para muchas lecturas, algunas más acertadas que otras, sobre todo desde la metodología desde donde se analiza. En este trabajo se utilizaron varios métodos, la mayoría desde la perspectiva de la sociohistoria, después de la revisión bibliográfica, se fue de lo particular a lo general o del individuo, al grupo, a las instituciones y al entorno; en ese sentido puedo decir que aunque cada apartado del texto tiene conclusiones particulares, también existen las generales que comparto a continuación.
El graffiti es un concepto vacío si no se toma en cuenta el contexto sociohistórico en el que se desarrolla. En este trabajo surgieron diversas formas de conceptualizar el graffiti: el de los cholos, el tagger, el hip-hop, legal, ilegal, el postgraffiti, además de la respuesta normada de las instituciones, el arte urbano y el graffiti en resistencia que yo propuse. Todos los mencionados anteriormente están acertados y equivocados, no se puede definir un fenómeno tan vasto; corresponde a procesos específicos, por ejemplo, corresponde a tensiones históricas particulares (graffiti legal versus graffiti ilegal), a tendencias estéticas (como el graffiti hip-hop o el postgraffiti) o está relacionado con proyectos de identidad (graffiti tagger y graffiti cholo).
El graffiti que este trabajo aborda es heredero de los anteriores. En primer lugar, porque los fenómenos sociales no son evolutivos, son el resultado de procesos anteriores y se traslapan, tal es el caso del los proyectos de identidad que utilizan la práctica de marcar las paredes para anunciar presencia. Tanto los taggers como los cholos siguen decorando la ciudad cada uno con objetivos específicos. En ese sentido, el graffiti en resistencia, retoma del graffiti ilegal su concepción transgresora, del graffiti tagger un acercamiento al proyecto de identidad que lo enarbola y del graffiti hip-hop en, mayor o menor medida, elementos estéticos.
El graffiti en resistencia y el arte urbano son la nueva dicotomía para distinguir las estrategias de comunicación que se utilizan para decorar la ciudad: El primero definido por redes de comunicación a distancia más cercanas a las relaciones de solidaridad, al margen de lógicas mercantiles y repeliendo marcos institucionales gubernamentales. El segundo, como el resultado de la iniciativa privada para asimilar una estética relacionada con la juventud y de las instituciones gubernamentales para apropiarse. Y a la postre, tener la capacidad de regular una estrategia de comunicación que no pudieron controlar anteriormente a través de acciones de gobierno punitivas.
En ese sentido puedo afirmar que el graffiti en resistencia fue capaz de crear espacios y programas institucionales, que después de veinte años de escritores anónimos, sombras que en el cobijo de la noche armados con aerosoles presionaron los botones adecuados y generaron debates legislativos, la creación de reglamentos municipales y políticas públicas que ahora revaloran el arte urbano. ¿Tuvo el graffiti en resistencia la capacidad de crear espacios institucionales para los jóvenes en la área metropolitana de Guadalajara? Sí, y lo sigue haciendo. Aún hay personas que entablan diálogos al margen de las relaciones de dominación que definen los marcos institucionales y la lógica del mercado; hasta cierto punto se podría decir que el graffiti tagger, aquel de los noventas, existe y resiste.